CUATRO
TANGOS
(de MONTEVIDEO
CRUEL – TANGOS , Ediciones Imaginarias, Montevideo, 2003)
Tango
de los mozos de la Ciudad Vieja
(incluye
guía turística)
Montevideo tiene aires
de mozos de la Ciudad Vieja
que al frankfurkter llaman pancho,
las hombreras impulcras, aplican todo a todo,
reminiscencias gorilescas
de una gula bucólica x fin
en su atrocidad grotesca
de marinos y cadetes todos juntos,
abotonados férreamente,
juntos en las barbaridades
y en la semibarbada adolescencia,
ardiendo a cuartel agrio de campaña
que lleva muy filosa la polaina
en su dubitativa charretera.
También
tenemos la feria de Tristán Narvaja
que es larga anaconda culturosa
donde se ofrecen loros y talqueras
y se refriega un poco si es la cosa:
corvas de deliciosas aunque escasas
musas dominicales.
Después, están las playas de entorchado.
Playas con su tumulto de temblores
bovinos, aunque también hay ensaladas light, ahora.
Todo cambia. Todo
cambia.
Pasan por el poroto cuartelero
y la verija gaucha: aquí hay de todo,
dice el camarerito a la ramera
que taconea y come muzarela
en sus noches de invierno.
Las bandadas de
infantes mendicantes
al parecer translúcidos
se asoman de debajo de la alfombra
de la Vergüenza Nacional:
“somos un país chico”,
dicen los gallináceos de uno y otro bando
y cacarean mucho, y leen,
cotorrean y leen, y rotan
y chupan el lápiz y anotan:
“No me conviene. Lo pensaré mejor”;
miran por sobre el hombro
y tras el hombro espera una palmada
y leen más, leen los muy loros,
leen hasta los camareros de la llamada
Ciudad Vieja
que bajan a la Rambla a respirar
-el brazo en jarra y la bandeja en ristre-
un cacho de aire puro, pero no:
siempre, al final, se atoran.
Tango
para escuchar al Mago
Gardel y los velorios
algo comparten con los trajes de cuero,
las tachas y la fusta.
Como la bota criolla,
que es y será gitana,
emigrante de hungrías y de francias.
El ataúd
Gardel es un frac lustroso
que franelea contra el tapadito de armiño
mientras claquean al aire las bolillas.
Gardel destila
tinta plutoniana
o sórdida a secas.
(¿Alguna
yeta mórbida
que lo siguió al Morocho?)
Para atenuar hechizos
y aguëros
hay que escuchar al Mago sólo al alba
con las rosas rosadas del cielo de verano
allá en el falso trópico del Plata.
Tango
escrito en Montevideo
Quiero escribir
esta tanguez con calma
in situ, destinado
al olor de tu cuerpo, desperdiciado altar.
Te acordarás
de todo alguna vez,
si acaso sucediese. ¿Y si sucede?
¿Recordarás
mi beso en el extremo
de una cama recóndita y la misma?
Sonrosada y caliente
me jadeabas
y mordía yo el fruto de mango en tu entrepierna,
tu rosado molusco, cocinado en humores
de cetáceo parado, vaso duro.
El juego del espejo
y de las velas,
el champán derramado con dulzura,
el caviar que afiebró los paladares
y el encuentro en la alfombra vaporosa.
Montevideo de
noche nos donaba sus sedas
y la caricia tibia del pampero bendito.
Y el soplo de
los dioses cambiando esas cabezas.
Tango de homenaje a tus pies
Yo no me la creía esa de los pies de Diosa,
los pies que son la medida de todas las cosas
porque son los que te arraigan a la tierra,
porque son los que te llevan por ahí, hasta mí.
Yo no me la creía
para nada la de la Diosa.
Pero, mirando
bien tus pies, realmente,
mirándolos bien, tomándome mi tiempo,
realmente tenés unos pies bárbaros,
quiero decir hermosísismos.