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Mascaró en la Semana de Poesía de Caracas, 2003

¿Cuáles son sus expectativas sobre la XI Semana Internacional de la Poesía?

Los festivales de poesía, que por suerte son cada vez más numerosos, se han transformado en excelentes foros y lugares de encuentro de los poetas. El encuentro más importante es con el público, que allí puede encontrarse con sus favoritos y escuchar las lecturas en vivo, además de dialogar con los autores, obtener ejemplares firmados, etc. Esta Semana de Caracas ha ido creciendo en renombre y prestigio. Para mí es un honor estar allí, especialmente porque estaremos en ese país querido que es Venezuela, ese "paraíso terrenal" que descubriera Colón y la cuna del Libertador Simón Bolívar. Todo eso es muy fuerte para mí, que nací en el sur del Sur, y que he vivido
muchos años en Europa. Se traduce en una alegría muy profunda.

Según su criterio, ¿Cuáles son los aportes de un evento cultural como la
semana Internacional de la poesía?

El aporte de la Semana es esa serie de contactos con el público, con los editores, con los críticos...
Juntarnos y dialogar, viniendo desde latitudes tan diferentes, es una instancia invalorable.
Homenajear a Eugenio Montejo es también un placer y una tarea impostergable.
Presentar nuestros libros allí es estar en el mejor de los ámbitos.

¿Cuál es su apreciación sobre la poesía contemporánea?

La poesía contemporánea se desliza: en los libros, el los festivales, en la Internet...
Es un agua que se adelgaza y se va por las alcantarillas, o golpea los cristales como un látigo de vidrio, anda por todos lados, se cuela en todo ámbito, es como materiales de reciclaje que van y vienen de existencia en existencia... la poesía es un pretexto para el amor, la solidaridad, la mansedumbre de espíritu... La poesía es una actitud ante la vida, es la defensa de la palabra, la búsqueda de organizar las palabras de la tribu... Para decirlo con palabras de Ludovico Silva:
"Ni siquiera el poeta es igual a sí mismo pues sobrenada en la corriente de un río
que tampoco es nunca el mismo y es conducido hacia la muerte, que tiene mil caras
y es por eso nuestro más perfecto poema".

¿Como ha evolucionado la poesía española?

Sin ser mi opinión la de un especialista, creo que la diferencia de la poesía latinoamericana con la española de España, es que esta última ha mantenido un diálogo continuo con los autores clásicos españoles. El concepto de "vanguardia" (esencial a toda la poesía latinoamericana del siglo XX) no tiene el mismo peso en España que en nuestros países. Esto hace que otros ecos recorran esa poesía, otro uso de la lengua, otros matices. No obstante, en España han surgido esos gigantes que se llaman García Lorca, Alberti, Machado, Cernuda, en estrecha comunicación con los Darío, Huidobro, Neruda, Vallejo, De Rokha, Gerbasi.

¿Considera que existe cercanía e intercambio poético entre Venezuela y
Uruguay?

No vivo en Uruguay, pero igual sé que la poesía venezolana, por desgracia, no llega al sur del Sur. Nuestro continente vive desgarrado por falsas diferencias, banderías políticas, dependencia económica, injusticia social...
No es raro que el mapa de la poesía carezca de caminos de intercambio.

¿Con cual corriente poética se identifica?

En mi formación tuvo gran peso esa "tradición de la vanguardia" que nombrase Octavio Paz, entre otras cosas. La revolución que inició Darío en el siglo XIX (que impactó profundamente en España) se continuó en las obras de Vallejo y Neruda, maestros de la "vanguardia". La continuidad, la "postvanguardia" se llamó en el sur Nicanor Parra, un irreverente que nos hizo poner los pies sobre la tierra: "Los poetas bajaron del Olimpo". En Uruguay, el maestro más directo de mi adolescencia, leído en los liceos, los bares y las calles, se llamó Mario Benedetti, especialmente con sus "Poemas de la oficina" y partes de su “Inventario”. Su localismo antipoético nos ayudó a poner los pies sobre la tierra, especialmente en las calles de Montevideo, en las luchas contra la oligarquía criolla primero, y más tarde con la siniestra dictadura militar que, apoyada por los EEUU, asoló el país por más de una década. Digamos que las torturas y las desapariciones también nos ayudaron a perfilar nuestras líneas poéticas... Por otra parte, la tradición francesa que tiene Uruguay nos dio a ese gran creador rebelde que se llamó Issidore Ducasse, Conde de Lautréamont, que nunca fue satánico ni francés, sino un poeta mayor que nació en Montevideo, aunque a partir de la adolescencia es enviado a Francia por sus padres y allí se educa y muere. Así, inmediatamente, todo de una vez. Otro gran poeta uruguayo, maestro del modernismo, es Julio Herrera y Reissig, gran príncipe de la forma. Estos son algunos de los elementos que influyen en mi formación. A partir del exilio, la poesía sueca, que me he ocupado también de traducir, ha dejado sin duda su huella.Los mass media. La televisión, que es como el cuarto de atrás de nuestra mente. Yo diría que mi poesía (me cuesta enormemente calificar mi propio trabajo) es experimental, está abierta al cambio, a la invención; su temática es siempre social, colectiva, solidaria, apunta hacia la felicidad llevada en brazos del amor, todo ese bolero y muchos más.

¿Cuáles poetas venezolanos ha leído y como evalúa sus obras?

Hace un par de décadas, en mi exilio en Suecia, tuve la fortuna de comenzar una correspondencia espontánea (pre Internet) con alguien que recién ahora, en mi primera visita a Venezuela, conoceré personalmente: con el maestro Rafael Cadenas, que ya entonces tenía una obra absolutamente original y hasta el día de hoy desconocida en Uruguay y Suecia. El contacto continuó hasta el día de hoy y hasta el día que presentemos, en el marco de la Semana, su poesía traducida al sueco por un joven poeta de Suecia, Paul Nilsson, que es huésped de la Semana de la Poesía. También he leído y conocido por carta a Juan Liscano, hace años. Fuimos colaboradores mutuos sin llegar nunca a vernos. Otros poetas que conozco a distancia y de cerca: Ludovico Silva, Alfredo Chacón, Alfredo Herrera, Sonia González, Alexis Romero, Yolanda Pantin, y la lista va creciendo...
Con seguridad me llevaré de Venezuela algunos quilos más de libros, ese alimento imprescindible para aprender a escribir...


Publicada en “El Nacional”, Caracas, 2003.