Con
el poeta y artista de multimedia Roberto Mascaró
UN RUMOR, UN PROYECTO, UN PROCESO
POR LUIS BRAVO
Son cinco las obras de video-poesía que llevan a Mascaró
a presentarse con un rótulo por ahora novedoso en estas latitudes:
"artista multimedia". Se trata de obras en las que participan
diferentes disciplinas (fotografía, video, música) y
que se presentan en la Biblioteca Nacional y en el Museo de Arte Contemporáneo,
mediante acciones performáticas protagonizadas por el propio
poeta.
Sobre las características de estos nuevos soportes de la expresión
poética trata esta conversación que tiene algo de adelanto,
como si estuviéramos hablando de fenómenos que, acaso,
en la década del 90 serán ya moneda corriente. Habrá
que ver, ver poesía y leer videos...
¿Cómo
interactúan esos dos lenguajes, el del video y el de la poesía,
en estas obras?
El video es un
medio que puede actuar como dimensionador y como espejo de la palabra.
La poesía recupera una dimensión ancestral y atenuada
por los siglos: la oralidad. Pero en el video es una oralidad que
no es meramente dicción, sino también gesto y plasticidad.
La palabra no sólo "usa" al medio electrónico,
sino que se asocia a éste en un encuentro o fusión que
instala un género híbrido, de fronteras, de mixtura,
donde el texto, la imagen, el sonido, hacen sus discursos paralelos
enriqueciendo la estimulación de los sentidos y ampliando la
significación.
¿Cómo
definirías tu poesía en ese marco expresivo?
No sé si
lo que estoy haciendo con el video puede caracterizarse como poesía.
Utilizo técnicas que provienen del montaje, de la imagen visual.
Lo que sí me interesa es la trasposición de un lenguaje
en otro. En “Cruz del Sur” no me puse a escribir un poema
sino un texto para video, eso cambia un poco las cosas.
En
nuestro medio hay quienes plantean, incluso jóvenes, que lo
literario y el lenguaje de la imagen visual se excluyen.
No hay contradicción
entre ambos. La literatura también puede ser creación
de imágenes a través de la palabra. Lo paradójico
es que quienes plantean esto lo hacen a través de artículos
periodísticos que incluso tienen cierto estilo poético.
Creo que vivimos una época donde domina la imagen visual, mediante
la electrónica, y esa es una razón más para trabajar
la palabra en forma oral y volverla vigente. No eliminar la poesía
sino introducirla en la electrónica, como lo hace por ejemplo
Laurie Andersson con la música, con textos poéticos,
actuados y filmados simultáneamente.
¿Qué
es esta obra multimedia titulada Sodra Korset?
Es Cruz del Sur,
en sueco, y es, como decía, un texto armado por mí,
un video de Juan Castillo, una banda sonora de Alejandro Contreras,
y una serie de imágenes fotográficas de Felipe Urquiza.
Es también una performance realizada en la Casa de Cultura
de Estocolomo, y una instalación. Allí intentamos unir
la señal química y la electrónica, la voz y el
gesto humanos. Cruz del Sur es también un rumor, un proyecto
y un proceso. Un poema largo que también existe en forma de
libro.
En
el libro hay como un collage, o montaje, de diferentes "diarios":
el de Colón, el del Che Guevara y otros. ¿Qué
te llevó a unir esos discursos tan distantes y distintos? ¿Y
qué pasa con la originalidad del emisor en ese texto?
Hay conexión
entre ambos diarios porque expresan la tensión existente en
dos aventuras humanas de transformación: el descubrimiento
de América y la guerrilla revolucionaria.
En cuanto a la originalidad, justamente busqué despojarme de
esa idea. Digo cosas como: "¿Quién escribe sino
las palabras que no hemos elegido/ andan como por sí solas
correo áereo/ traducimos de traducciones publicadas hace siglos".
Lo que puede haber, entonces, son distintas lecturas del mundo.
Esa
afirmación parece llevarnos directamente a Marcel Duchamp...
Duchamp, con los
ready-made que reubican los elementos de la realidad, nos enseñó
que el arte más que obra, que sustancia y objeto, es básicamente
eso, una relectura del mundo, modificación de lo ya existente.
El otro es Borges y su uso de la transtextualidad: el texto como copia,
plagio, robo, reciclaje, que fue un mérito en él. Borges
marca el agotamiento del mito moderno de "lo nuevo".
¿Qué
es lo que más te ha influido durante estos años de contacto
y vivencia con la cultura europea, y sueca, por supuesto?
Fue importante
la tarea de traducción de poesía sueca. Me permitió
contactarme con uno de los grandes poetas de este siglo, poco conocido
aquí, pues no hay versiones en castellano de su obra. Me refiero
a Tomas Tranströmer. También me he alimentado mucho del
cine, del thriller, que antes despreciaba, y del director español
Almodóvar. Y mucho del contacto con los artistas multimedia
(interdisciplinariedad entre lo gráfico, la fotografía,
la performance, la instalación), como el coreano June Paik,
con sus impresionantes "cielos" o "selvas" de
televisores interprogramados. Pienso que todo contacto con el arte
fuera de fronteras, no sólo el europeo, es necesario para respirar
y abrirnos a nuevos creadores.
Nace
en Montevideo (1948). Cofundador de la revista “Nexo”
(1973) y “Cuadernos de Granaldea” (1977). Se exilia a
Suecia en 1977, donde funda la revista “Saltomortal”,
bilingüe (sueco-español), en la que interviene buena parte
del exilio latinoamericano, y que se publica entre 1980-85. Funda
la editorial Siesta, que difunde la nueva poesía rioplatense
y sueca.
Como poeta publica: Estacionario (1983); Chatarra/Campos (1984), que
diera lugar a su primer video poesía, homónimo, en 1986;
Asombros de la nieve (1986); Cruz del Sur (1987); Falt (Campo, antología
de su obra, 1987);Gueto (1991); Campo abierto (1997); Campo de fuego
(2000), obra por la que obtiene el Premio de Poesía del Festival
de Medellín (Colombia, 2002).
Libretó el video "Lobo", sobre la obra de Marosa
Di Giorgio, filmado por Eduardo Casanova, y obtuvo premios por otros
de sus videos.
Como traductor publicó El bosque en otoño, (1989), primera
traducción al español de una antología de poemas
de Tomas Tranströmer.
Entrevista
realizada en Montevideo, 1998. Publicada en Brecha (12/8/1998).