Frenesí
de la franela
El verbo “atalayar” y el sustantivo “franeleo”
son los que dictan la contigüidad lúbrica que Roberto Mascaró
agrupa bajo el título de CAMPO DE FUEGO. Contigüidad que
expresa, en más de un cuerpo de letra y más de una disposición
espacial, los extremos de una mente perceptiva que viste (y, por supuesto,
embiste) el cuerpo que habrá de recibir ese mismo derrame barroco
de la percepción.
Mas ¿qué cosa es la que glosa? Edades, sí, pero
además el desafuero de la cotidianidad del yo poético,
escribiente, preceptor, a través de esas edades. Hay, también,
por lo que veo, un continuo pendular: tanto de verso-a-prosa (o lo que
se entienda por éstos) como de Góngora-hasta-Lope (o la
estela que desemboca de ellos), y viceversa.
Leo Campo de fuego=Campo de Agramante: lugar donde guerrean las pieles
y las carnes. Un campo, pues, magnético: la atávica atracción
de la llama del deseo y prosodia que va a arder.
León Félix Batista, 2003
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